Cuando cumples años no esperas recibir secretos como regalo; al menos no algunos.
Es la vida llena de buenas intenciones y llena de hechos tristes que hace que todo duela, que las heridas que nunca cerraron vuelvan a doler como al principio, es el silencio de una casa donde el amor es diferente del que hablan. Nacemos para morir pero no para vivir muriendo todos los días, algo se apaga en las mentes cuando se descubre un secreto doloroso. Yo no espero ser inspiración, no pretendo ser mártir, ya no quiero tratar de entender que nos sucedió a ella, a él, a mí; la sola idea es dolorosa y aunque cierro los ojos para que las lagrimas no caigan, todos tenemos un espejo que nos muestra que el dolor no se borra de la mirada.
Lo triste es que no quiero parecer tonta, no quiero parecer la tontita que vive engañada, que defiende lo indefendible, lo peor de todo es que enfrentar el pasado me cuesta, y no porque no lo asimile sino porque es real. Todos los días veo que lo "real" duele, la gente constantemente quiere cambiar, quiere "mejorar" y solo cubren su insatisfacción y hablo de todos en general, todos quieren cambiar algo de si, ya sea su genio, su figura y yo, yo solo quiero cambiar el pasado. Muchas personas me podrán decir que el pasado me hace lo que hoy soy, pero en realidad ellas no saben, que no es necesario tanto dolor, no.
Mi lugar favorito siempre fue el mar, no porque sea azul ni se pueda nadar ni porque la puesta de sol sea más bonita; sino porque para mí el mar significa lazos de libertad, de amor, de gente que alguna vez me amo y sonrió por mí, para mí significa todo el dolor que llevo dentro hecho libertad sin dañar a nadie, que lo miren y vean todo, menos dolor. Es que es verdad que se puede mirar el mar y olvidar aunque sea por diez segundos que fue lo peor que te sucedió en el día o la vida. Necesito escribir que siempre que lloro necesito ir al mar y verlo y tirar piedras y sentarme y respirar y morir de frío y morir de calor e imaginar que todo estará mejor.
Los secretos son algo que el mar si sabe guardar, recuerdo las caracolas, me regalaron una cuando tenía 3 o 4 años y siempre imaginé que el sonido que emitía eran los secretos del mar cantados para quién los necesite. Ahora quiero contar muchos secretos, muchas cosas que no puedo decir, necesito poder olvidar, necesito poder hacerlo, necesito dejar que las cosas pasen. Pero, no quiero, no quiero hacerlo, temo que duela más que el presente, tengo que dejar de buscar cosas donde no las hay y dejar de creer que puedo sola, necesito dejar tantos secretos, necesito que no duelan como la primera vez, necesito cerrar heridas y no sé cómo. La vida prepara un poco de dolor para todos, para algunos más que otros.
La infidelidad duele, los malos entendidos se cuelan en los huesos, las mentiras separan, los impulsos rompen. Todo eso puede definir "el arte de destruir vidas", quiero decir gracias a ella, a él, a la hermana de él, al primo de él, a todos los presentes, a todos los que se rompieron en pedazos, a mí, a los nonatos. Y el amor duele, el amor es lo único que realmente te parte, que realmente deja huella, la muerte duele porque hubo amor, cariño, amistad; el nacimiento duele porque hubo amor o no lo hubo. Las mentiras duelen no por ellas mismas sino por que las dicen personas que amamos. Los secretos marcan por que los guardan las únicas personas que deberían ser sinónimo de amor. Por eso el amor duele, dolió y siempre dolerá. Porque el amor si se deshace, sé que sí, ahora lo sé y sé también que los secretos algún día dejan de serlo. Debo sacar ahora de mi cabeza todas las ideas con las que crecí porque si antes no lo acepte es hora de hacerlo y aceptar también que el amor se acaba, el amor real muere. Despertar duele, pero el amor terminó y terminará siempre, ya no son las circunstancias, son los seres humanos y es que al amor real no le siguen puntos suspensivos, ni mañanas para siempre, ni palabras infinitas.

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